diccionario aire de luz

Aunque etimológicamente la crítica viene de la palabra griega (kritikós) "capaz de discernir", el discernimiento poco tiene que ver con la voluntad de juzgar a los demás, normalmente sobre temas que ni siquiera conocemos en profundidad, que nos separa y nos aísla de nuestros semejantes, convirtiéndose en un estilo de vida.

La "crítica constructiva" es una herramienta muy útil, que duda cabe, pero la crítica no lo es cuando viene de la mano de la queja y/o pretende juzgar a los demás por sus actos u opiniones.

El ego (y sobre todo su sombra) es débil y para defenderse intenta hacernos creer que somos mejores que los demás, que sabemos mucho más, y que vemos más allá de lo que los demás ven.

De esta forma, si sucumbimos a este mecanismo, nos convertimos en personas perfeccionistas, con derecho de nacimiento a criticar todo lo que al ego no le gusta y que va en contra de si mismo.

Una persona dominada por el ego, es una persona que esconde grandes miedos.

Normalmente las personas se sienten heridas ante una crítica y son pocas las que reflexionan con serenidad sobre ella y la utilizan para su crecimiento personal. Una "crítica destructiva" nunca te va a enseñar nada, excepto "cómo se hacen las cosas bien desde el punto de vista del que te critica", lo que a su vez está sujeto a sus propias vivencias y limitaciones.

Por regla general, tiendes a proyectar sobre los demás tus propios defectos.

La próxima vez que te entren ganas de criticar a alguien, deberías preguntarte ¿Qué es lo que realmente quieres enseñar a la otra persona?, o ¿A qué tienes miedo?

Este mecanismo se prolonga con la autocrítica destructiva.

 

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